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por Reuel Marc Gerecht La política exterior americana en Oriente Medio puede producir disonancia cognitiva severa. Tómese Palestina e Irán. Las políticas evolutivas de la Casa Blanca hacia los palestinos y el régimen clerical de Teherán demuestran lo fácil que es que la historia ceda protagonismo al proceso, que la realidad ceda el paso a las ilusiones, y que las esperanzas en la diplomacia disipen la necesidad de tomar decisiones serias. Las dificultades en Irak pueden ser achacadas en gran medida a esto: la administración lleva desde el 2005 devanándose los sesos, incapacitada primero por la desafortunada estrategia y las tácticas del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el General John Abizaid, y ahora plagada por la falta de confianza acerca de la propia guerra y la posibilidad de mantener el apoyo político en casa. El ex senador Demócrata Bob Kerrey, miembro de la Comisión del 11 de Septiembre, defendió la guerra de Irak simple y elocuentemente en el Wall Street Journal. Pero el nuevo secretario de defensa, Robert Gates, miembro del Iraq Study Group, revela cada vez más que no sabe argumentar en favor de guerras -- como la de Irak y la más general contra el jihadismo -- que no parece comprender o en las que no parece creer. La administración está cansada. Los argumentos en favor de la guerra contra el terror e Irak que en tiempos aparecían fácilmente (aunque rara vez elocuentemente) se escuchan ahora excepcionalmente. De modo que se nos abandona para examinar las acciones de la administración en busca de contenido temático. No es una tarea agradable. Nos ocuparemos primero de lo deprimente, dejando Irán, que es con la probable excepción del jihadismo suní la mayor amenaza a la que hace frente Estados Unidos, para el final.
El West Bank y Gaza son cada vez más convulsos por la lucha civil - en Irak tal violencia se denomina en ocasiones "guerra civil" -- pero muchas personas, dentro y fuera del gobierno, piensan que es aún posible un acuerdo palestino israelí, suponiendo que Washington tenga la voluntad de obligar a Jerusalén a hacer concesiones. Pero el movimiento islámico fundamentalista Hamas se ha hecho cada vez más fuerte electoral y militarmente impulsando la hostilidad sin contemplaciones hacia la existencia de Israel. Fatah, el soporte de la ya difunta Organización para la Liberación de Palestina y la base política sobre la que la administración Bush y los europeos quieren construir un estado palestino viviendo en paz con su vecino judío, se ha hecho considerablemente más antisemita y antisionista. La competición con Hamas, más popular y más religioso, define ahora el discurso de Fatah. No solamente en el West Bank o en Gaza, sino por todo el mundo musulmán suní, el fundamentalismo ha eclipsado virtualmente a cualquier otro grito de guerra. Nacido de la rabia ante el imparable bulldozer del atractivo seductor y la modernidad irresistible de Occidente, el fundamentalismo islámico no da señales de retroceder en territorio suní, por no decir en Palestina, donde los fieles viven al lado de los occidentales ricos, técnicamente realizados y militarmente poderosos. Lo relativo al proceso de paz se ha convertido en una institución en Washington. Entre muchos Demócratas y Republicanos, es un reflejo. Normalmente las personas históricamente sensibles explicarán rápidamente la centralidad del conflicto palestino israelí para la expansión del radicalismo religioso en el mundo islámico y su ahora inquieto vástago, Europa. Pero la dinámica que se desarrolla en Palestina -- fundamentalismo islámico que brota del cadáver en descomposición de una dictadura secular -- es lo que llevamos viendo casi por todas partes del mundo árabe. En Argelia, Siria o Irak, el proceso ha sido más violento que en el West Bank o Gaza. Israel es irrelevante básicamente para la presente colisión entre modernidad e islam. Aún así, es completamente probable que la mayoría de los palestinos, una mayoría decisiva la, no quiera vivir pacíficamente junto a "un estado colonial occidental de control judío". Existe un motivo para que Fatah se haya desplazado más cerca de Hamas ideológicamente. A los musulmanes religiosos, por no decir a los fundamentalistas, les repugna la idea de un estado judío y occidental en lo que ellos ven como Oriente Medio musulmán. Mientras que el fundamentalismo ha ganado fuerza en la región, las dictaduras respaldadas por Estados Unidos y sus satélites -- el estamento político del proceso de paz de Oriente Medio -- se han convertido en una minoría cada vez más reducida entre una mayoría políticamente más fiel profundamente ofendida por la idea de Israel. Lo que la administración Bush está ahora intentando hacer a regañadientes y con desgana es restaurar el ancien régime tras 1789. Afortunadamente, con los palestinos, la búsqueda de la administración de una nueva política no puede ir demasiado en detrimento de los Estados Unidos. Los palestinos se han unido con entusiasmo al demencial marasmo de la historia islámica moderna. Ya no son un pueblo separado y especial. Los palestinos se encuentran en las primeras etapas de su "guerra civil", y es imposible saber dónde terminará -- aunque uno podría hacer una estimación decente de que en estas primeras rondas, Hamas ganará y la ilusión de un socio de paz palestino terminará, hasta para los europeos y los americanos más comprometidos. Lo que América pueda hacer realmente en el conflicto palestino israelí es ahora irrelevante. Lo que es triste, sin embargo, y motivo de preocupación, es el grado hasta el que las acciones de la administración revelan su fractura filosófica. Donde en tiempos la administración intentaba comprender la extensión del radicalismo islámico (las vivas alusiones del presidente al apoyo americano a la autocracia en Oriente Medio fueron rompedoras), la administración está ahora recurriendo por defecto al lenguaje y las prioridades clásicas de las décadas a las que el presidente criticaba antes. El Departamento de Estado, una institución profundamente conservadora y cauta que, al igual que todo ministerio de exteriores, existe para reforzar las relaciones entre gobiernos, siempre ha estado a la espera de traer de vuelta el mundo familiar y comparativamente más maleable de las negociaciones Israel-Fatah. La Casa Blanca, bajo menos espejismos, simplemente podría querer mantener la apariencia del proceso de paz para beneficio de los vínculos trasatlánticos. Existe un motivo para esto, teniendo en cuenta el papel europeo esencial a la hora de imponer sanciones serias a un Irán en busca de armamento nuclear. Apenas un poco de palabrería para mantener contentos a la BBC y el Bundestag obsesionados con los palestinos. Y los europeos no piden mucho desde que el innegable poder popular de Hamas, su desagradable ética difícil de ocultar, y su repugnancia abierta hacia Israel hayan manchado seriamente la en tiempos romántica causa palestina. Pero nada que no sea palabrería vacía tiene justificación. Cuanto antes Washington vaya más allá del proceso de paz, antes pueden pensar más seriamente tanto Republicanos como Demócratas en cómo tratar con el creciente radicalismo islámico en Oriente Medio y la amenaza que plantea para Occidente. Volver a la preferencia pre-11 de Septiembre por las autocracias musulmanas y el proceso de paz es un callejón sin salida peligroso. El desastre de Irak también ha permitido que la idea de negociaciones probablemente productivas con los mulás de Irán eche raíces en Washington. Sin embargo, solamente obsesos pacifistas y "realistas" ciegos ante la realidad de la política del poder en la región pueden mirar con optimismo a unas negociaciones entre los Estados Unidos e Irán. Tenemos un régimen clerical que ha ayudado y respaldado a los grupos iraquíes radicales virulentamente antiamericanos, exportado a Irak dispositivos explosivos automáticos sofisticados diseñados para matar soldados americanos y británicos, impulsado desafiantemente su construcción de centrifugadoras enriquecedoras de uranio, y secuestrado a cinco ciudadanos americanos al menos en Irán, 4 de ellos con la doble ciudadanía americano-iraní. Acusaciones de espionaje ridículamente falsas han sido presentadas contra tres, incluyendo a Haleh Esfandiari, la directora del Programa de Oriente Medio del Centro Wilson de Washington. Al igual que su jefe, el ex congresista Lee Hamilton miembro del Iraq Study Group, Esfandiari ha sido defensora a ultranza de la reconciliación entre los Estados Unidos y su patria natal. Observe: las acusaciones de espionaje fueron presentadas contra estos americanos, que no tenían absolutamente nada que ver con la Inteligencia americana y que habrían rechazado cualquier defensa del "cambio de régimen", un día después de la reunión del 28 de mayo entre americanos e iraníes en Bagdad. No se necesita un genio para entenderlo. Tenemos una reunión y el régimen de Teherán quiere dejar prístinamente claro su desprecio hacia cualquier sugerencia de que los mulás quieran construir un puente o dos. El régimen clerical no ha estado matando soldados británicos y americanos en Irak porque piense que sea contraproductivo. No han estado ayudando a grupos chi'íes radicales por ser contraproductivo. Parece cada vez más probable que Irán también ha ayudado a los insurgentes sunníes -- lo cual aparentemente los mulás no piensan que sea contraproductivo. La verdad acerca de la élite revolucionaria de Irán es que tienen en poca estima a los chi'íes iraquíes, a los que culpan de no levantarse contra Saddam Hussein durante la guerra Irán-Irak de 1980-1988. Sacrificar a los chi'íes iraquíes por el objetivo superior de perjudicar a los Estados Unidos y radicalizar a la comunidad chi'í iraquí es indudablemente visto en Teherán como un precio que vale la pena pagar. Una premisa del Iraq Study Group era que el régimen clerical quiere la estabilidad cerca en Irak. De ahí que pueda estar dispuesto a trabajar con los americanos. Pero Irán se beneficia enormemente de la inestabilidad y aquí. Los clérigos tradicionales y moderados como el gran ayatolá de Irak Alí Sistani, que han estado dispuestos a trabajar con los americanos, han sido machacados y perjudicados por la violencia. El radical Moktada al-Sadr, un discípulo renegado poco conocido y poco admirado de una familia clerical conocida, alcanzó meteóricamente la prominencia a causa de la violencia y gracias a la crítica ayuda iraní que le fue prestada. El Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak y su ala militarmente más radical, la Organización Badr, también se han beneficiado enormemente de la violencia. El Consejo es un jugador iraquí clave que ha recibido asistencia sustancial de Teherán. Lo particularmente lamentable del Consejo es que el baño de sangre ha dificultado más la vida a los moderados dentro de la organización. Y la violencia ha dificultado que el Consejo se escinda del patrocinio iraní. ¿Quiere Irán detener este proceso? La comunidad árabe suní de Irak -- detestada por los iraníes -- se ha visto expulsada de gran parte de Bagdad, bañada en sangre, y batida en retirada por cientos de miles. ¿Esto es malo a los ojos de Teherán? ¿Dónde tiene Irán la mayor influencia en Irak? En Basora, donde la violencia chi'íes contra chi'íes se encuentra en su peor momento. Esto no es una coincidencia. Teherán se ha beneficiado masivamente de la división iraquí chi'í y de la lucha encarnizada. Lo que los Estados Unidos deberían esperar de Irán es que continúe transportando sus mortales explosivos a Irak y, a través de la violencia, alimente la radicalización de la comunidad chi'í. El éxito a través de Hezbolá en el Líbano corroído por la guerra civil es el modelo a tener presente. Hasta la fecha, ha sido la única empresa con éxito de Irán en el extranjero. La "estabilidad" en Irak solamente significa una cosa para Téherán: éxito americano. Debería estar claro que el régimen clerical cree ahora poder avanzar con su programa nuclear sin miedo a ataques militares preventivos americanos. El palpable miedo anterior a George W. Bush parece haberse disipado en tanto que América se ha estancado en Mesopotamia. Todo el mundo puede ver que Washington, no Teherán, estaba más deseoso de la reciente reunión (los portavoces del NSC daban señales claramente de querer esta reunión porque tropas americanas estaban muriendo en Irak). Hasta el político más inepto de Teherán veía que América era débil y estaba en desbandada. Lo que antes era motivo de ansiedad (tropas americanas en Irak) ahora abre el apetito. El fracaso de los Estados Unidos a la hora de responder contundentemente a los cargamentos de armamento iraní a Irak ha reforzado el mensaje. De ahí la respuesta discreta al secuestro de los ciudadanos americanos en Irán. La única buena noticia aquí es que al régimen clerical le será difícil continuar las conversaciones con Estados Unidos incluso si hacerlo revierte manifiestamente en su interés. Cuando el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, decía recientemente, "Aquellos que imaginan en la República Islámica de Irán cambiará su política establecida, lógica y justificable de obviar las negociaciones y las relaciones con los Estados Unidos se encuentran en un error serio", estaba siendo subestimado. No es la primera vez que el Irán clerical se ha abstenido de hacer lo mejor para sus intereses. Pero probablemente no llevaría mucho comprometer a América en las negociaciones -- con la esperanza de negociaciones -- con Irán sobre Irak. Y contra más se meta América en las negociaciones, menor será la posibilidad de que confronte en la práctica del programa de armas nucleares de Irán -- el objetivo final que guía la política exterior de los mulás. Lo que a Teherán le gustaría hacer es ciertamente es convertir sus conversaciones con la Unión Europea sobre su programa nuclear de negociaciones acerca de detener el enriquecimiento de uranio a negociaciones acerca de lograr la capacidad armamentística nuclear real. Los iraníes conocen bien el modelo norcoreano. Es bueno. Mantener a América hablando sobre Irak, y pisar el acelerador hacia el premio nuclear. ¿Entiende todo esto el Presidente Bush? Probablemente. ¿Lo entiende su administración? El deseo de no creer en lo obvio sigue siendo fuerte, particularmente mientras Irak se hace más violento, lo que sucederá este verano incluso si funciona en incremento gradual. Y aunque algunos podrían querer poner su fe en la estimación de la CIA de que Irán fabricará un arma nuclear en cuestión de 10 años, una apuesta mejor es que los iraníes están incrementando la producción de centrifugadora porque han vislumbrado cómo hacerlas funcionar. Lo más probable es que el tiempo de la diplomacia y las sanciones se esté agotando con rapidez. Puesto que las alternativas no son fáciles -- bloquear las exportaciones petroleras iraníes a través del Golfo o ataque militar preventivo -- la administración Bush se verá tentada a creer en la ilusión de las negociaciones. Podemos izar la bandera blanca y llamarlo victoria. elreloj.com |
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