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Junio 18 , 2007
Protección exterior y alimento interior

Existe una dimensión global que liga a todo judío a la Torá del Pueblo de Israel, y en consecuencia con Di-s, de allí parte el clamor de todo judío: ¡Shemá Israel Hashem Elokeinu Hashem Ejad!.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cierta vez estaba Rabí Iosef Itzjak Schneersohn ˆ el anterior Rebe de Lubavitch ˆ en un refugio antiaéreo, debido a las bombas que caían sobre la ciudad de Varsovia, lugar donde vivían en esos días.
En ese refugio se reunieron muchos judíos. Entre ellos había allegados al Rebe, grandes Rabinos, alumnos de la Ieshivá, y también judíos simples, incluso muchos que se sentían alejados de la Torá y sus preceptos.
Pasado el tiempo, cuando el Rebe llegó a los estados Unidos, contó que en esa oportunidad, mientras estaba en el refugio, hubo un fuerte y persistente bombardeo. En un momento dado cayó una bomba cerca del lugar.
En ese momento, absolutamente todos los que estaban el refugio, chicos y grandes, dejaron escapar de sus bocas el grito de „Shmá Israel ...‰

HaShem Elokeinu HaShem Ejad

Muchas veces escuchamos historias parecidas. Gente que fue educada lejos del Judaísmo, pero que en momentos de peligro, bajo el fragor del fuego deja escapar de su boca, el grito que acompañó a los judíos en todas las generaciones y en cualquier situación: ¡Shemá Israel Hashem Elokeinu, Hashem Ejad!.
Cuando oímos anécdotas como ésta, del modo súbito en que la chispa judaica se enciende en los corazones de quienes no fueron privilegiados con una educación judía tradicional, nos asombramos y nos sentimos conmovidos. -¿Qué relación tiene esta persona con Shemá Israel?
Lo que asombra aún más es que en gran medida, después del momentáneo despertar, ese judío vuelve a su posición anterior, posición alejada de la Torá y sus preceptos, y a veces hasta a una negación total del Judaísmo.
A simple vista parecería tratarse de una incongruencia. Como si aquella persona fuese ambigua. A veces se inclina hacia este lado y a veces hacia el lado contrario.
Aún cuando este fenómeno sea cierto, no se entiende la dualidad planteada, ya que la distancia entre estas dos situaciones es tan grande que ningún puente del tipo de „distintos momentos anímicos‰, „estados psíquicos del medio ambiente‰ y parecidos, nos resultarán útiles para comprenderla. Sólo nos resta decir que la raíz de estos dos comportamientos antagónicos surge de dos diferentes dimensiones del alma judía, dimensiones que también encontraremos en la Torá, pues las almas judías están ligadas con un fuerte lazo a la Torá de Di-s, y ellas dos se ligan al Todopoderoso.

Durante los años en que los hijos de Israel deambularon por el desierto, fueron privilegiados con tres milagros constantes, que les permitieron vivir en el desolado desierto con gran comodidad.
Como protección física de las amenazas del camino, Di-s los cubrió con las Nubes de Gloria ˆAnanei Kavod- que los rodeaban y protegían de las penurias y les allanaban el camino, según cuentan nuestros Sabios en el Midrash. Las Nubes de Gloria los cubrían en mérito de Aarón, el Sumo Sacerdote, hermano de Moshé.
Todo caminante por el desierto sabe que el alimento es algo imposible de conseguir en aquel paraje desolado, y aún mayor es el problema del agua. Ambos problemas se solucionaron con el man (pan del cielo) que caía en mérito de Moshé, y la Fuente de agua que en forma milagrosa acompañaba constantemente al pueblo y calmaba su sed. Este último milagro en mérito de la profetisa Miriam, hermana de Moshé y Aarón.
En la Parshá Jukat, la Torá nos relata la muerte de Aarón y de Miriam. Es por eso que los temas de las Nubes de Gloria, las aguas de la Fuente y el man, son oportunos y se explican ampliamente en los Midrashim de nuestros sabios acerca de esta Parshá.
Si observamos las propiedades de los tres elementos mencionados, hemos de ver que si bien satisfacen necesidades humanas, cada una de ellas tiene también un cometido distinto y peculiar. Comprendiendo cada uno de ellos, podremos responder también al planteo presentado al inicio de esta reflexión.

Para su supervivencia, el hombre necesita de una protección exterior: vivienda y vestimentas. Estas no penetran en el cuerpo humano y en consecuencia no están intrínsecamente ligadas a una persona específica ni están condicionadas a la misma. Son necesidades requeridas por igual por todos los humanos.
Otra necesidad existencial, es la de la vida física interior. Para mantenerse, la persona necesita alimentos que ingresen a su metabolismo, se digieran y se absorban por sus órganos. Dado que en este caso nos referimos a una necesidad ligada a la persona, debe haber una similitud entre ésta y el alimento, razón por la cual cada grupo humano posee su clase de alimento, el que es sano y nutritivo para él.
El agua, que también es una necesidad primordial para la existencia del hombre, no pertenece a ninguno de los dos tipos mencionados. Por un lado el agua no puede considerarse protección exterior, por cuanto penetra al interior del cuerpo humano. Por el otro, como es obvio, el agua no sólo alimenta a la persona sino que es requerida por todo ser viviente por igual. La tarea del agua es asistir a la digestión de la comida y transportarla a todos los órganos del cuerpo en la cantidad y forma necesaria.
Estas tres dimensiones existen también en la Torá de Israel. En esta oportunidad sólo centraremos nuestra atención en dos de ellas: la interior, representada por el alimento, y la exterior, representada por la vivienda y la vestimenta.
En la Torá hay numerosos preceptos. En el modo de estudio de la Torá y en el cumplimiento de ellos, hay diferentes categorías. No todo judío está obligado al estudio de la Torá del mismo modo. También vemos en la práctica, que lamentablemente no siempre cumple todo judío con lo que se espera de él. Esta dimensión que es interior y exige gran esfuerzo personal, es comparable al alimento físico que la persona introduce en su metabolismo y hace la diferencia entre uno y otro.
Pero así como existen vestimentas externas generales, del mismo modo también la Torá, por el hecho de ser la Torá de Israel (la palabra de Israel forma la frase „Iesh Shishim Ribó Otiot Latorá‰, hay mil seiscientas letras en la Torá, igual a la cantidad de almas judías), ocupa un lugar, a veces escondido y oculto en el corazón de todo judío. Esta dimensión no influye en forma constante e interna sobre el comportamiento de la persona, pues es únicamente exterior y se manifiesta sólo en momentos especiales, en que se estremece la chispa judía interior.
Ello sucede en instantes de peligro físico o cuando peligra la existencia espiritual, lo que está ligado en forma intrínseca a la chispa judía.
De esa dimensión global que liga a todo judío ˆsea como fuere en la práctica cotidiana- a la Torá del Pueblo de Israel, y en consecuencia a Di-s, parte el clamor de todo judío, no importa su estado espiritual: ¡Shemá Israel HaShem Elokeinu HaShem Ejad!.