Rav Ioram Eliahu
Fueron dichas muchas y muy diversas explicaciones respecto al episodio
de Merivá [donde Moshé golpeó la roca para que
salga agua. N. del T.] en nuestra Parashá, tratando de entender
cómo y de qué forma pecó nuestro Rav Moshé -
que fue castigado severamente, hasta tal punto que no pudo entrar a
Eretz Israel (la Tierra de Israel), que tanto anhelaba.
El autor del libro “Or HaJaim” cita diez explicaciones
distintas – de los Rishonim y de los Ajaronim, como Rashi, Even
Ezra y otros – descarta parte de ellas, y finalmente expone su
propio comentario.
El que se fija en lo que dijeron nuestros maestros – el Rav Kuk
en su libro “Midvar Shur” y su hijo, el Rav Tzvi Iehudá Kuk
en sus charlas (Sijot HaRav Tzvi Iehudá, Bamidvar) – no
encontrará ni una sola explicación, de un tipo u otro,
respecto a ese episodio y al pecado de nuestro Rav Moshé. Por
lo visto, nuestros maestros – que supieron ver la dirección
de los vientos que ya habían comenzado a soplar en su generación,
desde el “estudio crítico” de la Torá, hasta
la tendencia a rebajar a nuestra altura e incluso por debajo de ella
las figuras del Tana”j (La Biblia) en nuestra generación – creyeron
necesario enseñarnos que no es tan sencillo ni tan correcto
tratar el tema de los pecados de las grandes figuras de todas las generaciones
en cualquier foro o en cualquier hoja de comentarios. Y así escribió el
Rav Kuk: “Nosotros miramos a las generaciones de nuestros primeros
antecesores, de los que nos cuenta la Torá, los profetas y las
escrituras... y son ellas mismas las grandes figuras frente a las que
profesamos afecto y glorioso respeto de lo santo. Comprendemos que
el destello de sus almas era la base... Cuando los observamos, en toda
su apariencia espiritual que tan sedientos estamos de ella, sentimos
que anhelamos su fortaleza, su fuerza de vida esculpida y cristalizada,
poderosa y estable, que se manifestaba en ellos. Y en base a ese anhelo,
nuestra propia fibra espiritual se fortalece y nuestra valentía
se refina” (Orot, Pág. 13). Es decir, “justamente
cuando esbozamos esas figuras en la cúspide de su grandeza y
su profundidad, con toda su autenticidad, eso hace despertar dentro
de nosotros la nostalgia y fortalece el deseo de elevarnos y purificarnos.
Ese mismo deseo que estimula desde ese momento nuestras fuerzas de
vida, es nuestro sustento espiritual, es el gran provecho educativo
que obtenemos del estudio de los patriarcas” (LeEmunat Itenu
Guimel, Pág. 116). Y también escuchamos muchas veces
en las clases del Rav Tzvi Iehudá Kuk la singular actitud y
la precaución que tenían incluso los Tanaim (sabios de
la época de la Mishná) entre ellos. Y cuando Rabí Iehudá HaNasi
tenía necesidad en su estudio de objetarle a Rabí Iosi,
decía antes: “Nosotros, los miserables, nos atrevemos
a objetarle a Rabí Iosi?!”.
Aprenderemos de nuestros maestros – de lo que nos dijeron y del
hecho que evitaron hablar de ese episodio – la forma correcta
y profunda de observar a las grandes figuras de nuestra nación,
y de esa forma podremos realmente aprender de su comportamiento y su
grandeza, en forma auténtica y correcta.
MACHON MEIR |