![]() |
||
|---|---|---|
Suena la canción en el coche. "Cariño espérame", va diciendo la voz sedosa de Manuel Carrasco, mientras desmenuza lindos recuerdos: el diente que se le cayó, la foto de la escuela, el primer disfraz. "Cariño espérame". Una madre y su hijo, y la cadencia de la canción invade los sentidos, tiñe la atmósfera de la extrema belleza de la infancia, su fragilidad, su grandeza. Pienso en Claudia, sus siete meses quebrados, su pómulo hinchado, dicen, por un bofetón. El parte médico habla de fractura parietal, "que tiene su origen en un impacto traumático", y antiguas lesiones nos retrotraen al fémur roto de un bebé de meses. Un bebecito, una pequeña flor, una cerecita dulce, abruptamente golpeada por la extrema maldad que puede habitar en un ser humano. Dicen que, presuntamente, su padre, el que seca las lágrimas, el que tendría que cantarle las canciones de cuna, el que le enseña a dar los primeros pasos, ha sido su verdugo, su monstruo personal, el destructor de los sueños. Y la derrota es tan profunda como lo es la huella de la maldad pura. Como lo es la rabia. "Cariño espérame", pero no hay cariños, sino golpes, y los que tendrían que protegerla de sus propios padres, cuando los padres son los malos de los cuentos, no han estado, no han servido, han fallado. Claudia palpita en una cama de hospital, a lucha partida contra sus heridas, protegida de los únicos ángeles guardianes que ha tenido en su corta vida: los médicos. Porque no puede hablar, porque no tiene voz, pongo voz a sus preguntas. ¿Dónde estuvo el juez, del juzgado de instrucción número 3 de Tarragona, que no escuchó el parte médico con fractura, no llamó a ningún experto, creyó tranquilamente a los padres, y la devolvió a su infierno? ¿Dónde estuvo el fiscal que nunca se personó en su causa, hasta que los medios de comunicación convirtieron su dolor en un escándalo? ¿Dónde estuvo, dónde, esa jefa del servicio de atención a la infancia, esa Anna Solé i Ramos, que envió por correo ordinario al juez la comunicación sobre la pequeña? ¿Dónde estuvo la Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència, su director Francesc Xavier Soley, su secretaria general Imma Pérez, cuando vulneraron su propio protocolo de actuación en casos de niños maltratados? ¿Por qué nunca se personaron judicialmente en la causa por la pequeña? Y ¿dónde están ahora, más preocupados por salvar su trasero con cargo que de asumir las responsabilidades? ¿Dónde está la consellera, que nunca ha pedido una ley integral del menor, el único instrumento realmente útil en estos casos? Y, sobre todo, ¿de qué sirvió la tragedia de Alba si todos los errores se han repetido?
Sí, Claudia tiene mucho de Alba. Su martirio, su quiebro, esos padres que se convierten en sus torturadores, una cama de hospital. Tiene de Alba, también, las preguntas acumuladas, los protectores públicos que no la protegieron, los responsables políticos que fallaron estrepitosamente, los errores que se acumularon por arte de irresponsabilidad. ¿Quién pagará por ello?
"Cariño, espérame, espérame. Duérmete,
tesoro, duérmete, la mami está contigo, tesoro duérmete".
Y Claudia se duerme en sus sueños oscuros, pero mami no está con
ella, ni papi le canta canciones dulces, ni el abrazo es la red de protección
que la salva de los monstruos. Aún no sabe hablar, pero ya sabe
llorar más allá del llanto, y sabe que los golpes que le
ha tocado vivir llegan antes que los besos. "Cariño, espérame". ¿Quién
la esperó a ella?
Pilar Rahola : El Periódico. |
||