El espía
olvidado
Rav Shlomó Aviner
Ya hace 24 años que yo lloro en mi oscura celda, sin lágrimas
y sin palabras. Como el tzadik (justo) Iosef, fui tirado al pozo y fui
olvidado.
Yo reconozco que entregué información secreta al Estado de Israel,
pero en mi mérito debe ser dicho que varios años antes EE.UU.
se comprometió a entregar esa información. Descubrí información
vital según la cual Siria, Irak e Irán estaban desarrollando
armas nucleares y otro tipo de armas no-convencionales en contra del Estado
de Israel, y también información respecto a actividades terroristas.
Hablé con mis superiores, pero ellos se desentendieron. Finalmente,
sentí la obligación moral y la responsabilidad de trasmitir esa
información yo mismo.
Hice todo eso como un espía oficial del Estado de Israel. Recibí una
confirmación escrita del Primer Ministro en el año 5758: “Ionatan
Pollard fue un agente israelí que fue activado por quienes tenían
altos cargos en la organización israelí pertinente. De acuerdo
a ello, el Estado de Israel reconoce su compromiso con él, y está dispuesto
a hacerle frente a toda la responsabilidad que eso implica”.
Lamentablemente, todo eso fueron sólo lindas palabras. Desde ese entonces
pasaron 12 años, y yo todavía estoy preso de la misma forma como
los 12 años anteriores. Yo bien recuerdo que mis hermanos israelíes
en EE.UU. me dijeron: “Si hay algún problema, ven a nuestra embajada.
De allí te enviaremos a Eretz Israel (la Tierra de Israel)”. Pero
cuando llegué, me entregaron a la policía local. ¿Por
qué? ¿Por qué esa injusticia? ¿Por qué me
han olvidado, hermanos? Yo me esforcé por ustedes, puse mi vida en peligro
por ustedes - y ustedes, ¿por qué me abandonan?
En toda la historia de EE.UU., los espías de algún país “amigo” fueron
juzgados entre 4 a 2 años de prisión. Y yo, fui sentenciado a
cadena perpetua, sin posibilidad de apelación. ¿Por qué?
No hay vacaciones, no hay niños, no hay comida kasher. Sólo mi
valiente esposa alumbra la oscuridad de mi vida.
Para evitar problemas diplomáticos entre los dos países consentí a
una transacción. Yo cumplí con mi parte, pero ambos países
me traicionaron. ¿Por qué me olvidasteis? Mis hermanos, trabaje
con todas mis fuerzas por ustedes, no por dinero ni por honor – y ustedes
me tiraron.
Por lo visto, mis queridos hermanos, ustedes no tienen ni idea de lo que he
pasado, del sufrimiento y las torturas durante 24 años. En la cárcel
de Louisburg me tuvieron desnudo aislado en el calabozo, en el sótano
de la cárcel a temperaturas congelantes durante largas semanas. No recibí ninguna
frazada o cama, no me fue permitido tener nada – ni libros, periódicos,
papel, lapicera o radio. Todo me fue prohibido, salvo estar sentado en ese
terrible frío. De vez en cuando fui llevado encadenado a una celda especial,
en la que me ducharon con agua congelada durante una hora. ¿Dónde
se encuentra “amarás a tu prójimo como a ti mismo”?
Fui llevado a una cárcel siquiátrica en Springfield, también
totalmente desnudo en un frío congelante. Me dieron choques de electricidad
de alto voltaje – que me hicieron perder el control de mis esfínteres
y mi cuerpo se estremecía todo el tiempo, sin parar. Pero no me arrepentí de
lo que hice: Mi familia fue exterminada en el Holocausto, ¿cómo
puedo dejar a un país enemigo que fabrique ese mismo gas con el que
fueron matadas las personas en los campos de exterminio, para que lo usen contra
nuestro? Pero me duele, ¿por qué no les importa de mí?
Fui llevado a la cárcel de Marion, la más cuidada de EE.UU.,
y estuve en la sección del calabozo durante 7 años. También
allí los presos estaban encadenados desnudos a sus camas. Fui rociado
con un aspersor químico en mi celda, y sufrí terribles suplicios.
Gracias a D’s salí de allí – pero no por mérito
de ustedes, mis hermanos, sino que por la organización “Amnesty” que
exigió la clausura de esa sección.
Créanme si les cuento que estoy al borde de la muerte: Tengo tumores
en los sinus, sufro de mareos, nauseas, migrañas, dificultades respiratorias,
alta presión, inflamación de las articulaciones, glaucoma, problemas
de espalda, infecciones de las vías respiratorias. No entiendo cómo
puedo seguir viviendo después de 24 años en estas condiciones.
No se cómo es que no me enloquecí. No hay dudas, es un milagro.
¿Por qué no me salvan? Como hizo nuestro patriarca Avraham cuando
escuchó que su hermano fue tomado como cautivo – a pesar que no
era su hermano, era un pariente lejano. Pero yo soy realmente su hermano, yo
puse en peligro mi vida por ustedes. Díganme: ¿Ustedes realmente
sienten que yo soy parte de ustedes? Entonces, ¿por qué dejan a
un herido en el campo de batalla, por qué no intentan liberar a un cautivo,
por qué no ayudan a un enfermo en peligro? ¿Por qué no exigen
en forma clara que sea indultado? – como lo hizo el Primer Ministro Netanyau
hace 11 años.
Lo que es peor, ¿por qué ustedes me calumnian todo el tiempo,
me culpan de todo tipo de inventos y me avergüenzan en público? ¿Por
qué me mienten todo el tiempo? Me mintieron cuando me prometieron salvarme
en la embajada, me mintieron con mi transacción, y me mienten durante
24 años diciéndome que hacen todo lo posible por liberarme – entonces, ¿cómo
puede ser que todavía estoy preso aquí?!
Por favor, hagan algo por mí. Yo quiero vivir con ustedes en nuestra
tierra, mis queridos hermanos. Por favor, escríbanme diciéndome
que ustedes me quieren. Yo vivo de eso. Yo también los amo mucho...
La carta fue escrita por Rav Shlomó Aviner, en nombre de Ionatan
Pollard.
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