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| La alcaldesa de Cunit Presionar a Fatima para que retirara la denuncia merecería, en cualquier país razonable, su dimisión inmediata, porque es evidente que conocía un delito grave e intentó taparlo. Pero tal como están las cosas en la feliz Arcadia multicultural, a lo mejor le dan una medalla. Hablaba ayer del velo y de la confusión mental de muchos políticos,
y zas, llegó la alcaldesa de Cunit. Se llama Judith Alberich,
es socialista y, según la instrucción judicial, intentó frenar
la detención de un imán imputado por coaccionar a una mujer
musulmana, que trabaja, conduce su coche, se relaciona con no musulmanes
y no lleva velo. Sin embargo la ley es para todos igual, pero para unos menos, o así lo piensan gentes como esta alcaldesa, meritoria alumna de la Alianza de Civilizaciones, que consideró más importante tener tranquilo a un imán integrista que defender a su víctima. Presionar a Fatima para que retirara la denuncia merecería, en cualquier país razonable, su dimisión inmediata, porque es evidente que conocía un delito grave e intentó taparlo. Pero tal como están las cosas en la feliz Arcadia multicultural, a lo mejor le dan una medalla. Sea como sea, Alberich es el ejemplo de la empanada mental que tienen algunos con la cuestión islámica. No han entendido que la única forma de cohesionar islam y democracia es amparando a las Fatimas y encarcelando a los Benbrahim, y teniendo claro que un integrista que desprecia a las mujeres y las segrega no es un hombre de Dios, es un delincuente. Si no tenemos eso claro, la democracia se va al garete. Porque la paz de una comunidad no puede amparar ideologías totalitarias que destruyen derechos fundamentales. Si lo hace, es paz, pero es la paz de los cementerios. Pilar Rahola |
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