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Maor Hashabat: Extiende tus Manos
Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh Yetzav Hashem Itejá Et Haberajá Baasameja ¡¡Que las bendiciones escritas en nuestra Perashá, nos sean otorgadas inmediatamente!! Una persona, sufrida y atormentada por los problemas se acercó a su Jajam, casi al borde de la desesperación le contó sus padecimientos y su extrema pobreza. Lloró con él el Jajam y le dijo: "No tengo como ayudarte, el Dueño de la Misericordia lo hará. Reza frente a Él, pídele. Yo también rezaré por ti. Oraré para que ganes la lotería la semana próxima y así te llegará la salvación… también pan para tus niños, también dinero para casar a tu hija y los remedios que necesita tu esposa. Hashem hará que se restablezca completamente". Pasó la semana y el hombre volvió nuevamente, abatido y desanimado: su hija envejeció una semana más… su esposa seguía enferma… y los pequeños estaban hambrientos. Después de una semana volvió este Iehudí, y su expresión lo decía todo: su situación se agravaba - no había ganado el sorteo. La idea es clara. Hashem está dispuesto a ayudar y desea hacerlo, pero con la condición que la persona extienda su mano y haga su parte. Pero para eso, nosotros tenemos que preparar el recipiente, ´extender nuestras manos´, en otras palabras: cumplir más o mejor los preceptos, concurrir a las clases de Torá, ser más generosos y recién después recaerá sobre nosotros abundancia infinita… En relación a esto, nos vuelve a la memoria lo contado por Rab Ruben Karelinshtein sobre una persona que viajaba en avión a Israel. En estos viajes, el avión siempre está completo, no sobra ni un lugar, además, cada viajero tiene permitido llevar consigo un maletín de mano. Las personas tienen la extraña costumbre de no conformarse con menos de un maletín enorme, casi del tamaño de una heladera… y por la falta de espacio físico, acomodan sus valijas sobre el sillón, debajo, a un costado… donde se pueda, y así viajan durante doce horas, apretujados e incómodos. A mitad del viaje, este pasajero se cansó de estar sentado en su lugar y comenzó a dar vueltas por el avión. De pronto vio unas escalinatas que se dirigían hacia arriba, subió los escalones y se encontró con la primera clase, donde cada uno estaba sentado en un sillón amplio, cómodo y agradable, sin apretujamientos. Que bella enseñanza no deja esta alegoría: para alcanzar el mérito en el Mundo Eterno, primero debemos acreditar los méritos necesarios en este mundo, el Mundo Pasajero. Así mismo, quien se preparó para Rosh Hashana y Iom Kipur y puede levantar su mano afirmando que pudo superar algunas debilidades, podrá pedir con la vasija en sus manos, por un año bueno, lleno de bendiciones. |
