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Tshuvá y salud
Rav A. Ioshua Tzukerman
El impulso de la superación continua es algo inseparable de nuestra personalidad. ¿Cuál es el mecanismo de ese impulso? Dice el Rav Kuk (Orot HaTshuva 5:1): “La Tshuvá (arrepentimiento sincero) es el sentimiento más sano del espíritu. Un alma sana en un cuerpo sano forzosamente debe llegar a la gran felicidad de la Tshuvá, y siente en ella el placer natural más elevado. El rechazo de las materias dañinas tiene su buena y saludable acción en el cuerpo cuando este es pleno, y la evacuación espiritual de toda acción mala y todas las malas y dañinas impresiones que llegan de ella, de todo mal pensamiento y todo distanciamiento del noble contenido Divino en general - que es la base de todo lo malo, de toda grosería y repugnancia - forzosamente debe llegar, cuando el organismo es sano en el aspecto espiritual y físico al mismo tiempo”.
Las palabras “salud” y “Tshuvá” son repetidas y asociadas en este párrafo, y son la clave de él. El Rav asemeja la cualidad de la Tshuvá – la sensibilidad del alma a las cosas que la dañan – a la sensibilidad del cuerpo a las materias que le son dañinas. “La Tshuvá es el sentimiento más sano del espíritu”. Se está hablando de la salubridad del espíritu, su sensibilidad, su rechazo de lo que lo daña, lo que no es moral. La continua actividad que se esfuerza por revelar el espíritu mismo, su pureza y su kdushá (santidad) – ese es el fruto de la Tshuvá. “Un alma sana en un cuerpo sano forzosamente debe llegar a la gran felicidad de la Tshuvá, y siente en ella el placer natural más elevado”. D’s hizo nacer dentro nuestro una cualidad tal de Tshuvá - del manantial de Sus metas y pensamientos, bendito sea, para bien.
En la creación del hombre, D’s acuñó en él una cualidad física de sensibilidad a los materiales que lo dañan, a través de la cual el cuerpo los rechaza de inmediato: “El rechazo de las materias dañinas tiene su buena y saludable acción en el cuerpo cuando este es pleno”. Cuando el cuerpo funciona en forma correcta, esa cualidad actúa fielmente. Esa cualidad es expresión de la Tshuvá que fue acuñada en el cuerpo del ser humano. La sensibilidad a las materias dañinas es una señal que la acción Divina se manifiesta en el cuerpo. Cuanto más sano es el cuerpo, así también la acción Divina se revela más.
En forma similar, D’s acuñó también en el espíritu humano la cualidad de la sensibilidad a las conductas que lo dañan, hasta tal punto que son rechazadas: “Y la evacuación espiritual de toda acción mala y todas las malas y dañinas impresiones que llegan de ella, de todo mal pensamiento y todo distanciamiento del noble contenido Divino en general - que es la base de todo lo malo, de toda grosería y repugnancia - forzosamente debe llegar, cuando el organismo es sano en el aspecto espiritual y físico al mismo tiempo”. El espíritu del hombre aspira todo el tiempo al bien Divino, y rechaza lo malo. Esa es la cualidad de la Tshuvá – la sensibilidad a lo Divino que se encuentra en el espíritu humano.
La persona puede verificar cuál es su situación espiritual. ¿Cómo? Si él realiza acciones que lo dañan y las quiere, o no entiende qué tiene de malo lo que es definido por la profecía como adverso, eso es señal que su vida es contraria a la cualidad de la evacuación interna de su espíritu. Él se encuentra lejano de la raíz Divina que le da vida. Debe volver al principio básico Divino de su vida, es decir, desarrollar en su espíritu la aversión al mal, y no ser indiferente a él, y entonces volverá y le permitirá al principio básico Divino manifestarse a través de él. Debemos añadir todo el tiempo esa sensibilidad dentro nuestro, desarrollarla y perfeccionarla, para que no se desgaste.
El Rav menciona ese principio también en el inciso siguiente (Orot HaTshuva 5:2): “Por cada trozo de repugnancia que es quitado del alma de la persona a través del consentimiento interno del resplandor de la Tshuvá, son descubiertos mundos enteros plenos en su claridad”. Cuando la persona, con su libre albedrío, quita toda repugnancia y pecado de su cuerpo o de su alma, entonces el mundo Divino elevado, que le da existencia y vida todo el tiempo, se expresa con claridad, como la resplandeciente llegada de los rayos del sol después que las nubes se marchan.
“Son descubiertos mundos plenos en su elevado resplandor dentro de su alma. Toda evacuación de pecado es semejante al quitado de algo que tapa el ojo, y todo un horizonte es descubierto, un fulgor de espacios de cielo y tierra, y todo lo que contienen”. En la lengua del profeta Ishaya, así fueron dichas estas cosas: “Vuestras iniquidades separan entre vosotros y vuestro D’s, y vuestros pecados han ocultado de vosotros Su rostro, de modo que Él no os oiga” (Ishaya 59:2).
La terminología del Rav - en su genialidad - es muy exacta, y está basada en nuestras fuentes. Por lo tanto es apropiado que esas palabras clave que son repetidas en el párrafo sean consideradas también el resumen de su contenido.

 

JUDAISMO CON AMOR Y FE