|
Termina bien – todo está bien
R. Lando
En las halajot de la lectura de la Torá (Masejet Sofrim 12:1-2) se dice: “Se hacen interrupciones en las bendiciones, pero no en las maldiciones” [cuando se leen las bendiciones y las maldiciones que están escritas en la Torá se pueden hacer interrupciones en las bendiciones, pero no en las maldiciones. N. del T.]. Rabí Iosi Bar Abin explica que la razón es que el que lee la Torá “debe comenzar con algo bueno, y terminar con algo bueno”.
Por ello, preguntó el Radba”z (Responsas al Tana”j, Pág. 158) respecto a nuestra Parashá: “¿Por qué no fue escrito ningún consuelo en las maldiciones de Ki Tavo?”
Ya encontramos al final del libro Vaikra (Levítico) maldiciones – en la Parashá Bejukotai - y ellas culminan con algo bueno: “Recordaré para ellos el pacto de sus antecesores... para ser para ellos D's, Yo soy el Eterno” (Vaikra 26:45). Pero en nuestra Parashá se termina con algo espantoso: “Te hará volver el Eterno a Egipto en barcos, por el camino que te había dicho no volverás más a verlo, y serán vendidos allí a tus enemigos por esclavos y por esclavas, pero no habrá comparador” (Dvarim 28:68).
El Radba”z (Rabí David Ben Zimra, contemporáneo de Rabí Iosef Karo) contesta que “según la interpretación sencilla, el que analice con atención los versículos verá que el episodio del pacto de la Parashá Ki Tavo – donde está escrito ‘para que entres en el pacto del Eterno, tu D's, y en su juramento’ (Dvarim 29:11) - continúa hasta la Parashá Nitzavim, y allí está escrito: ‘Y será cuando hubieren recaído sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición... hará retornar el Eterno, tu D's, tu cautiverio’ (Dvarim 30:1-3) hasta el final – toda ello consuelo. Es así que encuentras los consuelos escritos al final de las maldiciones - al final del pacto”.
El Radba”z escribe también en su libro de las letras “Maguen David” al respecto, y agrega: “Y escribí todo eso… para hacerte saber que de él [del pacto. N. del T.] depende nuestro consuelo, y todo el cálculo de nuestra gueulá (Redención), y la garantía de la gueulá y su conocimiento, y en él está insinuado su bien, y gracias a él somos recordados, y es el pilar de nuestro apoyo, y él nos levantará. Verán nuestros ojos, y se alegrará nuestro corazón y las maravillas de Su Torá nos mostrará”.
La historia de las últimas generaciones nos mostró cómo después que nos alcanzaron todas las maldiciones que son dichas en la Parashá, después del terrible Holocausto que pasamos, D’s nos hace retornar, y con la ayuda de D’s seremos merecedores que pronto volverá D’s a alegrarnos para bien, y también nosotros volveremos a el D’s, nuestro Señor, con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.
El Rav Tzvi Iehudá Kuk zt”l recalcó ese principio – terminar con algo bueno – en sus clases a la salida del Shabat, cuando nos enseñó las Parashiot Ki Tavo y Nitzavim, cuya conclusión es “y retornarán los hijos a sus límites” (Irmya 31:16). “Todo el amor y la salubridad es cuando ‘vosotros os encontráis hoy frente a el Eterno, vuestro Señor’ (Dvarim 29:9), Tshuvá (arrepentimiento sincero) y gueulá, gueulá y Tshuvá”.
En base a ello, hay que releer las maldiciones.
El Radba”z cita del Zohar (el libro de Kabalá por excelencia) que “un día, preguntaron los sabios en el Beit HaMidrash (centro de estudio de la Torá): ¿Acaso las maldiciones del Mishné Torá (el libro de Dvarim), no tienen ninguna promesa ni consuelo?”. Y contestaron “aquí, en el libro Dvarim, se encuentran las promesas del padre para con su hijo, con mucha misericordia”. Nuestro Padre, un Padre misericordioso, quitará de los hijos – nosotros – toda enfermedad (Dvarim 28:61). Según ese Midrash, la interpretación sencilla de los versículos es que se trata de maldiciones, pero tienen insinuado también el consuelo.
El Radba”z agrega que el consuelo de las maldiciones se encuentra junto a ellas “porque no hay ningún versículo que no sea mencionado el nombre Avaia (uno de los nombres de D’s) – que está relacionado con la Medida de la misericordia, para hacernos saber que todo emana de esa medida", como dice el versículo ‘Él hiere, y Sus manos curan’ (Iyov 5:18). Los tormentos son dolorosos, pero a través de ellos es purgado el delito y este desaparece, siendo un remedio para los pecadores, “y no hay un consuelo mayor que ese”.
Así también explicó nuestro Rav el principio del libro Ishaya: La visión del primer capítulo es como un prólogo a todo el libro. Es cierto que en esa visión hay cosas muy duras, “nación pecadora, pueblo cubierto de iniquidades, descendientes de malvados, hijos que se dan a la corrupción” (Ishaya 1:4), pero el hecho que somos llamados “hijos” es lo decisivo. “De todas formas, son llamados Tus hijos”, como decimos en las Slijot en vísperas de Rosh HaShaná (comienzo del nuevo año), y ese hecho es lo principal.
El Rav Tzvi Iehudá recalcó que esa visión termina con la certeza que “restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como al comienzo. Después será llamada Ciudad de Rectitud, ciudad fiel. Tzion será redimida con justicia, y los que retornen con rectitud” (Ishaya 1:26-27). Es decir, la culminación del capítulo es con la promesa de la gueulá de Israel. Es cierto que después de esa promesa son escritos 4 versículos que hablan del tratamiento de los problemas, “la destrucción de los transgresores y la de los malvados", etc. (Ishaya 1:28-31), pero esos asuntos particulares son sólo como un agregado a lo principal, como una acotación al margen.
Se pueden citar muchos ejemplos de esta regla, pero nos conformaremos comentando lo que se acostumbra a decir, “que termine el año y sus maldiciones”: También si hay maldiciones, dificultades y desgracias – son de nuestro Padre, que desea hacernos el bien. Cuando no hay más remedio, nos conduce también a través de las desgracias. Pero la medida del bien es mayor que ella, mucho más, y la meta es que lleguemos a una realidad en la que “comience el año y sus bendiciones”. Amén.
MACHÓN MEIR |