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La Cumbre de Ginebra ¿Culpable o inocente?
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por José I. Rodríguez

Los que critican con feroz odio a los demás, son potencialmente asesinos de masas. La peor de las armas está en la misma lengua viperina, que a modo de ponzoñosa serpiente, escupe su venenoso odio contra sus semejantes. No hay nada más diabólico que el empleo de la lengua para destruir a otros. La lengua es un revolver que se carga con las balas de la crítica, y cada una de ellas mata.

Estamos recordando el Día del Holocausto, en medio de una continua tormenta de críticas destructivas contra Israel, los judíos y cuantos los comprenden y apoyan. El Holocausto se acabó históricamente hablando, pero el asesinato de millones de personas sigue fraguándose, a modo de “solución final”, en los pasillos y en las multitudinarias asambleas donde las naciones se reúnen, entre otras cosas, para criticar a Israel. Aun en nuestros días, no se puede entender con una mente racional, que se levanten blasfemias, pues no tienen otro nombre, contra los judíos e Israel. El antisemitismo contra los judíos sigue alimentando las cámaras de gas, en los campos de concentración que algunos tienen en sus descerebradas cabezas. Cada crítica destructiva a los judíos, por ser judíos y a Israel por ser Israel, está asesinando potencialmente a millones de personas inocentes. Ser judío para algunos sigue siendo un delito o un pecado para los más religiosos. Cada vez que juzgan y critican arrogantemente a toda una nación como Israel, están asesinando de nuevo a sus niños y niñas. Cada ladrido contra un judío es como si mordiera a toda la nación al unísono. Cada maldición contra los judíos resuena en la conciencia colectiva de este perverso mundo y lo inunda de odio asesino. Se escuchan violentas críticas contra los judíos en el lenguaje coloquial de cualquier país, que son el caldo de cultivo del resentimiento antijudío y del ya nombrado antisemitismo. La propaganda nazi antisemita sigue impresa en la mente de muchos, vomitándola por medio de la más destructiva arma, que conoce el género humano, la palabra. Cada palabra de odio y rabia que se vocaliza contra los judíos e Israel, inflama y aviva las llamas del holocausto asesino, llamando a repetirlo.

Hoy más que nunca en toda la historia es necesario combatir en todos sus frentes el cruel antisemitismo. Empezando por los gobiernos que se muestran permisivos, con todos los que niegan el Holocausto de más de seis millones de judíos. Gobiernos que permiten, alegando la libertad de expresión, la difamación, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo y otras muchas formas de denominar el odio a los judíos. Las leyes nacionales e internacionales contra la intolerancia, el racismo o el antisemitismo, se quedan en simples declaraciones buenas intenciones, cuando no son aplicadas escrupulosamente. Si cada manifestación pública de antisemitismo fuera cortada de raíz, como la mala hierba, no tendríamos que recoger la trágica cosecha de rechazo, odio, mentiras y crueldad que se desarrolla incontroladamente en muchas partes del mundo. La libertad de expresión no puede ser una coartada para promover el odio, el rencor y como consecuencia evidente, el asesinato de inocentes, sean de la etnia que sean. El Holocausto asesino de odio fascista, de derechas o de izquierdas, continúa incendiando los bosques de la democracia, pareciendo que nadie quiere apagarlos.

Cada vez se permite a grotescos personajes, que parecen sacados de los infiernos, como Ahmadineyad, y se les deja vomitar su odio contra Israel, en pública tribuna internacional, se está promoviendo el espíritu antisemita, por el resto del mundo. La responsabilidad de que este satánico dictador, secuestrador de rehenes norteamericanos y potencial asesino de masas, tenga una proyección internacional, recae exclusivamente sobre aquellos que le ceden sus “púlpitos” para que se jacte públicamente de su odio antijudío. Todos los promotores de la Cumbre de la ONU en Ginebra, son responsables subsidiarios de antisemitismo, siendo el gesto de la Comunidad Europea, de levantarse de la reunión, un mero acto de vergüenza ajena, que no hace nada más que demostrar la falsedad y la hipocresía de todo en continente que se jacta de demócrata, cuando en realidad esconde en sus entrañas el monstruo del antisemitismo. Para no oir las diatribas, discurso o escrito violento e injurioso contra alguien, del moderno Amán, solo tenían que haberle negado la presencia en la Cumbre de la ONU en Ginebra. Cuando se juzga a pedófilos, asesinos, secuestradores, terroristas y demás fauna perversa, con públicas y claras condenas, a este monstruo de los infiernos, se le sonríe y se le cede la palabra para que difame y amenace a toda la comunidad internacional, y en especial a Israel. Su amenaza de destruir a Israel no debe ser tomada en vano, pues tiene los medios nucleares, la decisión y el odio suficientes como para intentar aniquilar a Israel y dominar el mundo.

La comunidad internacional tiene la grave responsabilidad de administrar justicia y ser consecuentes con los principios democráticos que dice mantener. Los enemigos de la democracia, de mentalidad fascista, dictatorial y antisemita, están agazapados e infiltrados en los gobiernos, las organizaciones internacionales, las cumbres, los partidos políticos, las asociaciones, los grupos sociales e incluso en ciertas “organizaciones no gubernamentales” esperando el momento de destruir los valores que sustentan dichas democracias, tomar el poder de las sociedades y someterlas a sus perversas intenciones. No es tiempo de dormir, tenemos que combatir las malas ideas, con buenas ideas, estando conscientes del momento histórico en el que vivimos. Como siempre acabaremos con una cita de la Escritura, lámpara y lumbrera para todos los seres humanos. El que justifica al malvado y el que condena al justo, ambos son igualmente abominables para DZs (Proverbios 17.15). La verdadera justicia es la que es ecuánime con el justo y la que condena al malvado, por su maldad. Invitar a una Cumbre de la ONU y poner un micrófono a dictadores como a Ahmadineyad, es justificar al malvado y condenar a los justos e inocentes. Todo esto es abominable para D’s y para los hombres, para aquellos que aun tienen conciencia, aquella que lamentablemente le ha faltado a la Cumbre de la ONU en Ginebra.

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