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Entre la acción y la palabra
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Entre la acción y la palabra
Este interesante artículo de Mario Wainstein merece una profunda reflexión. Lo cuelgo en el Blog, para que ayude al debate crítico y a poner luz al momento actual.
Este es el artículo:
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Entre la acción y la palabra

Sintomático del liderazgo del actual gobierno israelí es que no haya hecho absolutamente nada en contra del proceso de paz, que no haya empeorado las condiciones de vida de los palestinos ni en gaza ni en Cisjordania – por el contrario, ha removido algún molesto puesto de control – y sin embargo es concebido y visualizado como enemigo de la paz, o al menos como su obstáculo más importante, y como el factor al cual se debe presionar para que ceda frente a las loables pacíficas aspiraciones palestinas.

Jabotinsky, abajo a la izquierda, y Beguin, abajo a la derecha. El "sionismo" declaratorio.
Por Mario Wainstein

Sintomático del liderazgo del actual gobierno israelí es que no haya hecho absolutamente nada en contra del proceso de paz, que no haya empeorado las condiciones de vida de los palestinos ni en gaza ni en Cisjordania – por el contrario, ha removido algún molesto puesto de control – y sin embargo es concebido y visualizado como enemigo de la paz, o al menos como su obstáculo más importante, y como el factor al cual se debe presionar para que ceda frente a las loables pacíficas aspiraciones palestinas.

¿Cómo y por qué se ha llegado a esa absurda situación, al borde de un enfrentamiento (no ruptura) con la nueva administración estadounidense?
Por la sencilla razón de que frente a otros gobiernos, de centro-izquierda, que a lo largo de toda la historia del sionismo primero y de Israel después, se han dedicado a la acción, la derecha ha privilegiado siempre, desde la época de Zeev Jabotinsky y hasta nuestros días, la palabra. Sus rivales han llegado a ridiculizar esa postura, llamándola “sionismo declaratorio”.

Jabotinsky se mofaba de los que afirmaban que el sionismo consiste en edificar la patria con nuestras propias manos, cultivando la tierra y allanando caminos, y los llamaba “sionistas de otra hectárea y otra cabra”. El sionismo era un movimiento político que ambicionaba crear un estado judío independiente en todo el territorio de Eretz Israel-Palestina y no menos. Por eso se retiró de la Organización Sionista Mundial y creó la Organización Sionista Revisionista cuando el Congreso rechazó por mayoría su moción de declarar que el objetivo sionista era crear un estado, porque semejante declaración en ese momento hubiera molestado a Gran Bretaña, la potencia gobernante.

Su discípulo Menajem Beguin se retiró del gobierno de unidad nacional presidido por Golda Meir (un gobierno que él mismo había promovido desde las filas de la oposición en vísperas de la Guerra de los Seis Días en junio de 1967, durante la gestión de Levy Eshkol), porque éste aceptó la fórmula de cese de fuego con Egipto, en plena guerra de desgaste, en la cual se mencionaba la palabra “retirada” en condicional, para el futuro.

Al final fue Ben Gurión y no Jabotinsky quien declaró la creación del nuevo estado, y fue Beguin y no Golda quien se retiró de todo el territorio del Sinaí en el marco del acuerdo de paz con Egipto.
Si bien es cierto que Barack Obama pretende establecer una relación diferente entre Estados Unidos e Israel, como consecuencia de la nueva estrategia que postula para toda la política mundial de su país, no hay duda de que el gobierno israelí hace todo lo necesario para que lo presionen y para quedar como el malo de la película, nada más que por palabras, no por hechos.

El refugio de los canallas
Samuel Johnson (1709-1784) acuñó, entre otras, la genial frase: el patriotismo es el último refugio de los canallas. Canallas como el ministro de Exteriores de Israel, Avigdor Liberman y todo su partido, que por suerte son también inútiles, atolondrados y extremadamente estúpidos, como un paradigma de la imbecilidad patriotera. Su actividad es la que está facilitando, para beneficio de la nación, la presión efectiva que se ejerce y se ejercerá sobre Israel desde afuera.

Una de las recientes propuestas, y por cierto no la única, fue la de prohibir, con penas de hasta tres años de prisión, expresiones de duelo por la creación del estado de Israel, y dicho en forma más clara: la conmemoración de la nakba, el desastre, por parte de la población palestina.

Cualquier legislación que pretenda dictar y administrar sentimientos es estúpida e inútil. En este caso es también perversa, porque sin entrar ni por un momento a las causas que llevaron a ese desastre recordado por los palestinos, que a mi criterio deben buscarse y encontrarse en la actitud de su propio liderazgo, el hecho histórico indiscutible es que a partir de entonces hubo un exilio y una dispersión, hubo una pérdida de bienes, de territorio, de aldeas enteras que fueron borradas de la faz de la tierra, de casas y de bienes. ¿Una ley que pretenda prohibir el dolor, el recuerdo, la tristeza? Es más o menos como una ley que se promulgue en España prohibiendo a los judíos el duelo del 9 de Av, fecha en la cual no sólo se destruyeron los dos templos, sino que también se expulsó a los judíos de España. Manifestar así el rechazo a dos figuras patriarcales como Fernando de Aragón e Isabel de castilla debería prohibirse y penarse por ley, ¿no?

De manera que la propuesta, que por supuesto fue finalmente detenida y no ha prosperado, incluso en el caso de haber tenido éxito no hubiera servido para nada. Hubiese sido otra muestra de política declamatoria, sin acciones de verdad, prohibiendo la palabra mediante la palabra. Pero en este caso deja al descubierto tanta maldad, que lo único que logra (y de verdad lo ha logrado) es alimentar a los círculos que señalan a Israel, no a Liberman, como estado fascista, racista, reino de la maldad.

¿Qué tiene eso de bueno? Que facilita la presión sobre Israel, la hace más simpática, mucho más tolerable, hasta justa. Y somos muchos los que esperamos que esa presión se ejerza con decisión y determinación, hasta llevarnos a una solución, ojala total pero al menos parcial. La total sería una paz con el mundo árabe moderado a cambio de la creación de un estado palestino viable al lado de Israel y la devolución del Golán a Siria, la parcial sería una retirada efectiva de los territorios ocupados con arreglos y garantías de seguridad.

Hay quienes se escandalizan ante la posibilidad de un acuerdo “impuesto”, a diferencia de “acordado”. Pero Israel es quien se presenta ante el mundo entero como renuente a un acuerdo honesto. Mientras en Jerusalén “acusan” a estados unidos de no cumplir con las promesas del presidente Bush en cuanto a la presencia israelí en los bloques de asentamientos, se olvidan que el actual gobierno no cumple con las promesas israelíes de apoyar la idea de dos estados para dos pueblos. Se quejan de que no permiten le deificación en esos bloques para dar solución al crecimiento natural de la población, pero tratan de olvidar que ese pretexto ha sido usado durante años para edificar en todos los territorios ocupados, incluso en tierras de propiedad privada de palestinos que ni siquiera han sido confiscadas.

Por otro lado, no todos los acuerdos “impuestos” han resultado malos. Sin ir más lejos, la decisión de partición, aprobada por la Asamblea de la ONU en noviembre de 1947, fue una solución impuesta mediante los votos a favor de las dos potencias mundiales, EEUU y la URSS. Tan mal no resultó.

A lo largo de los años, Israel ha sabido hacer coincidir sus intereses con los del mundo libre, o por lo menos con los de estados Unidos. De esa manera ha logrado prevalecer con aliados de peso en medio de un mundo hostil. Los intereses de Estados Unidos en este momento no son los mismos que hace apenas seis meses atrás. Pero por suerte, con sólo quererlo y proponerlo, Israel puede volver a convertirse en pieza clave en el logro de los nuevos-viejos objetivos. Todo lo que se requiere para ello es amordazar las bocas de los Liberman y demás fascistas, volver a aceptar la solución de dos estados para dos pueblos y obtener un gigantesco apoyo internacional en política y en dinero a cambio de la disposición a evacuar los territorios ocupados.

Nuestros grandes patriotas no lo aceptarán, por supuesto. De manera que se verán obligados a hacerlo bajo presión, cuando con apenas unas pocas señales por parte de Washington y Bruselas comiencen a ver a Israel en sus reales dimensiones. Estados Unidos no necesita hacer nada contra Israel, le basta con dejar de hacer algunas cosas a favor, como por ejemplo no impedir sanciones por parte del Consejo de Seguridad: alcanza con una abstención.

Lo malo es que se trata de un genuino interés israelí, algo a lo cual Israel debería aspirar en lugar de ser llevado a la rastra, por la fuerza. Entonces, en lugar de obtener todos los beneficios de la nueva situación, seremos los parias de la comunidad internacional como lo fue Sudáfrica. El resultado será el mismo, pero nadie podrá decir que los patriotas israelíes dijeron que están a favor de una solución de dos estados para dos pueblos.

Mario Wainstein