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| Febrero25 , 2008 | |
| La fuerza de la teshuvá | |
| La fuerza de
la teshuvá Extraído de Conforta mi alma, de las enseñanzas del Rebe
Najman de Breslov Existen muchas maneras de caer. De hecho hay veces en que la gente sucumbe
a una caída verdaderamente tremenda. Se hunden entonces en las
situaciones más inmundas, aquellas que nuestros sabios llaman "los
lugares de la inmundicia" . Tales personas se encuentran asediadas
de dudas y de sucios, extraños y tremendos pensamientos. Se encuentran
rodeadas de confusión y sus corazones palpitan. Esto se debe a
las klipot, las cáscaras que rodean el corazón y que lo
arrojan a la turbulencia. A esta gente les parece que nunca podrán
encontrar al Santo, bendito sea. Pero hay una esperanza - si sólo
se fortalecieran en la búsqueda del Santo y rogaran por Su ayuda.
Deben clamar, "¿Dónde está el lugar de Su Gloria?" De
hecho cuanto más lejos pienses que te encuentras del Santo, bendito
sea, más debes forzarte a buscarlo: "¿Dónde
está el lugar de Su Gloria?" Debes anhelar por Su Gloria,
debes aullar por ella, esfuérzate y clama: "¿Dónde
está el lugar de Su Gloria?" Sólo con esto lograrás
ascender a las más grandes alturas. Serás digno de elevarte
al nivel de "¿Dónde?" - "¿Dónde
está el lugar de Su Gloria?" Este es el nivel de la más
exaltada santidad. Es esencial en la teshuvá el que a cada instante puedas buscar
y rogar, "¿Dónde está el lugar de Su Gloria?" Entonces
la misma caída se transformará en un gran ascenso. Todo
el propósito de la caída se revela entonces como esencial
para el ascenso, tal como lo han explicado los Sabios en nuestros escritos
sagrados. Analiza esta idea y compréndela bien, ella es muy profunda.
(Likutey Moharán II: 12). ¡Cuanta gente tropieza y cae cuando casi han alcanzado el punto
de perfección! (shleimut). Habían llegado hasta las mismas
puertas de la santidad y fácilmente podrían haber entrado.
Pero de pronto se ha desatado contra ellos una fuerza tal en los obstáculos
y en las confusiones que los hace pensar que nunca serán capaces
de superarlo. Es que se han intimidado por ello. El único remedio
para esto es sumergirse en la Torá. La persona debe ser muy firme
y no permitir que su estudio se debilite. Sea lo que fuere lo que uno
deba enfrentar, siempre podrá ganar fuerzas en la Torá.
Todos los remedios y purificaciones, desde el comienzo del mundo hasta
su final se encuentran contenidos en la sagrada Torá. (Leyes de
la Bendición por el Pan 28). Dicen los Sabios, "Nada puede oponerse al poder de la Teshuvá.
Esta espera al hombre hasta el día mismo de su muerte" (Devarim
Rabah 2:15; Ierushalmi Pea 1:1; Zohar II 106a, III 76a). Es posible que
una persona haya transgredido miles de veces. Pero cada vez que se siente
entusiasmada en retornar al Santo, bendito sea, aunque más no
sea un poco, ninguno de estos impulsos hacia la santidad se pierde. En
palabras del santo Zohar, "Ningún buen pensamiento se pierde
jamás" (Zohar II 150b). El gran poder del arrepentimiento radica en que transforma las transgresiones
en méritos (Ioma 86b). Aquello dañado puede ser reparado.
La razón de esto es que la esencia de la transgresión es
atraer hacia abajo la luz Divina, hacia los lugares indecorosos y bajos.
La luz entonces es ocultada y encapsulada dentro de densos recipientes.
Pero a través del arrepentimiento es posible refinar y purificar
estos densos recipientes de modo que puedan ser capaces de recibir y
retener una nueva radiación de luz. Si la transgresión
no hubiera sucedido, el recipiente nunca se hubiera densificado en preparación
a su subsecuente refinamiento. En ese caso hubiera sido imposible que
la nueva radiación de luz llegara hasta esos lugares indecorosos
y bajos. Antes del arrepentimiento la nueva luz no podía ser atraída
hacia abajo pues los recipientes eran demasiado densos como para recibirla.
Pero mediante el arrepentimiento, el daño realizado por la transgresión
es reparado y los recipientes realineados. Sin la transgresión
no hubiera habido recipientes que reparar. Ahora que la transgresión
ha tenido lugar, el arrepentimiento realinea estos recipientes y ahora
la luz puede ser irradiada a los lugares adonde nunca antes le hubiera
sido posible brillar. Todo esto explica cómo todo el propósito
del descenso es permitir el ascenso. El rechazo del Santo, bendito sea,
tiene como objetivo el acercarse más a Él. ¡Todo comienzo es difícil! ¿Cómo puede una
persona despertar a la teshuvá, si no hay ni una chispa de la
luz del Santo, bendito sea, dentro de ella para poder despertarla? Y ¿cómo
puede la luz del Santo, bendito sea, comenzar a brillar dentro de ella
si aún no ha comenzado siquiera la teshuvá? Pues "ningún
extranjero comerá de las cosas sagradas" (Levítico
22:11) ¿Dónde se comienza? Incluso si el Santo, bendito sea,
se apiada e irradia luz en las profundidades de la oscuridad de esta
persona... ésta se encuentra ya tan quebrada y aniquilada por
todos sus pecados que no es capaz siquiera de retener esa luz. Para esta
persona toda luz es demasiado fuerte. Es por esto que a veces sucede
que la persona despierta a la teshuvá durante algún tiempo
para luego volver a caer. Y esto es algo que puede suceder muchas veces,
una detrás de la otra. La razón es que aún no ha
preparado los recipientes que puedan contener la luz que está despertando
dentro de ella. Lo mismo es verdad respecto al Pueblo de Israel en su totalidad. ¡Hemos
soportado tantos exilios y redenciones! Fue en época de Ioshúa
que entramos a la Tierra de Israel y la conquistamos. Pero más
tarde debimos ir al exilio. Luego retornamos por un tiempo. Y vino otro
exilio. Pero todo el tiempo, "La diestra del Señor se mantiene
alta" (Salmo 118:16) hasta la eternidad. Cada vez que Israel pudo
retornar a la Tierra de Israel se produjeron maravillosos logros en el
trabajo de la reconstrucción. Más tarde volvió el
Malo y los Hijos de Israel volvieron a pecar y alejarse. Pero la huella
de todo lo alcanzado logró mantenerse - y aún permanece
con nosotros hasta el día de hoy. Es por el poder de este resto
que aún hay vida en nosotros, incluso en lo más profundo
del presente exilio. Es gracias a ello que aún podemos lograr
algunos relámpagos de visión espiritual. Y así sucede también con aquél que se esfuerza
en el servicio al Santo, bendito sea. Comienza y luego cae... vuelve
a comenzar y vuelve a caer. Es posible incluso que pueda hundirse por
completo, Dios no lo permita. Pero aún así, el mínimo
bien que haya podido lograr deja su huella. Estas huellas en sí mismas
son algo maravilloso. Ellas también son esenciales para nuestra
presente tarea, ahora que esperamos la llegada de Mashíaj. Estamos
abocados a la edificación de una Santa Construcción, que
permanecerá por toda la eternidad. Esta Construcción debe
incluir a todos los descastados de Israel. Deberá juntárselos,
a todos ellos y unirlos con una nueva santidad. Nadie deberá quedar
fuera. Esta Construcción requiere de innumerables instrumentos
y recipientes. Todo acto realizado hoy por un Judío, así sea
en el estudio de la Torá, con una plegaria, un acto de caridad
o cualquier otro precepto - todos ellos son amados por el Santo, bendito
sea, más allá de toda palabra. Si alguien ha hecho un esfuerzo
para servir al Santo, bendito sea, entonces, aunque más tarde
haya caído a un tremendo abismo, nada de su trabajo anterior se
perderá, jamás. Tan pronto como esos actos llegan a la
existencia, son tomados por el verdadero Tzadik y colocados en un lugar,
preparados para ser incluidos en esta Construcción eterna. Todos estos "fragmentos" traen una gran alegría a los mundos superiores. Cada uno de ellos es crucial. Sin él, la Construcción nunca podría estar completa. Esto es similar a los nueve hombres esperando para orar. Puede que sean los más grandes Tzadikim. Pero siendo nueve, aún no llegan al número adecuado para el minian, el quórum requerido para la plegaria. Se les prohibe siquiera expresar una sola palabra de las plegarias comunales. De pronto un hombre absolutamente insignificante entra de la calle. Sea quien fuere, se une a ellos. Ahora son diez. Ahora pueden recitar la Kedushá, la Santificación. Tan pronto como terminan, este hombre se escabulle y sale de nuevo a la calle. Pero las palabras de santidad que fueron dichas ya no pueden ser borradas jamás. ¡Cuanta alegría le han dado al Santo, bendito sea! (Leyes de la Plegaria de la Noche 4:34). |