Parshat Behar
-El capitalista supremo
Si tu hermano empobrece, y sus medios escasean, lo sostendrás
[con un préstamo]... No tomes interés y usura de él...
Yo soy Di-s, tu Di-s, Quien te sacó de la tierra de Egipto...
para ser tu Di-s. - Levitico 25:35-38 De estas [palabras finales], nuestros
Sabios han deducido: Aquel que acepta sobre sí la prohibición
de usura, acepta sobre si el Yugo Celestial; mas quien rechaza la prohibición
de usura, rechaza el Yugo Celestial. Sifra, ibid
La Torá prohíbe estrictamente cobrar usura por un préstamo
entre un judío y otro.
Sin embargo, hay un procedimiento, llamado heter iska ("cláusula
de sociedad"), mediante el cual está permitido obtener ganancias
de fondos dados a otra persona.
En un contrato heter iska se estipula que el dinero no es un préstamo
sino una inversión en un emprendimiento comercial conjunto, cuyas
ganancias han de ser compartidas entre el propietario del capital y aquel
a quien se ha otorgado el derecho a usarlo y comerciar con él.
Por qué está prohibido el interés sobre un préstamo
mientras que compartir ganancias en una inversión está permitido?
La diferencia legal es que en el caso de un préstamo, el dinero
ya no es más propiedad del prestamista: desde el momento en que
el prestatario lo recibe, es suyo a todos los efectos (sólo que
al recibir el préstamo asume la obligación de hacer un
pagó de idéntica cantidad al prestamista en alguna fecha
futura).
De modo que si el prestamista cobrara a su vez una tasa o porcentaje
por el beneficio que el prestatario deriva del dinero, estaría
viéndose premiado por el hecho de que el dinero fue suyo alguna
vez, y no por algo con lo que está contribuyendo ahora. Esto es
algo que la Torá prohíbe.
En el caso de un acuerdo heter iská, en cambio, el dinero continúa
siendo propiedad del inversor (en sociedad con aquél en cuyas
manos ha sido confiado); la compensación que recibe no es "ganancia
libre", sino ganancia que su dinero está generando actualmente
Cuerpo y alma
La Torá, tal como el ser humano al que se dirige, tiene tanto
un cuerpo como un alma.
El "cuerpo" de la Torá es su dimensión física:
su relato de la historia física del universo y su instrucción
acerca de la vida física del hombre. Animando este cuerpo hay
un alma, una dimensión espiritual, en la que cada ley y suceso,
y cada uno de los detalles de estos, tiene su importancia metafísica2.
Cuerpo y alma se complementan y dan plenitud uno al otro.
El cuerpo es un vehículo para el alma, extendiendo el alcance
de esta última a áreas a las que el alma no podría
llegar por sí misma; el cuerpo de la Torá es el implementador
de su alma, dando realidad a sus conceptos etéreos como verdades
concretas en un mundo concreto.
Por otra parte, un cuerpo sin alma es oscuro y frío; con frecuencia,
una ley o suceso de la Torá podría parecer seco, prosaico
o trivial, hasta que es visto bajo la luz clarificadora de su porte espiritual.
Lo mismo se aplica a las leyes de usura y heter iská.
Viéndolas únicamente en términos de su aplicación
a nuestras vidas financieras, éstas podrían parecer altamente
técnicas, o incluso pedantes; heter iska suena como una elaborada
pirueta mediante la cual pasar por alto la prohibición de usura.
¿Hay acaso realmente tanta diferencia entre estas dos maneras de
verse premiado por conceder el uso del propio capital a otro, una diferencia
equivalente (como lo declara el arriba citado Sifra a la diferencia que
hay entre aceptar la noción misma de la autoridad de Di-s o rechazarla,
Di-s libre?
Para ello debemos volver nuestra mirada al alma de esta ley, al concepto
que se oculta detrás de su encarnación material.
Antes y después
Nuestros Sabios nos dicen que Di-s Mismo observa todo lo que El nos ordena
hacer.
Un examen más cercano de estas palabras revela que, de hecho,
en la observancia de las mitzvot 2 por parte de Di-s hay dos aspectos:
Citando el versículo "El instruye Sus palabras a Iaacov,
Sus estatutos y Sus leyes a Israel"3, el Midrash declara: "La
conducta de Di-s no es como la del ser de carne y sangre. El ser de carne
y sangre ordena hacer a otros, pero él mismo no hace; Di-s, sin
embargo, lo que El Mismo hace eso es lo que ordena a Israel hacer y observar"4.
En otras palabras, las mitzvot se originan como actos Divinos (Sus estatutos,
Sus leyes); luego, como resultado del hecho de que éstas son "lo
que El Mismo hace", "El ordena a Israel hacerlas y observarlas".
Por otra parte, otras fuentes implican lo contrario: que nuestra observancia
de las mitzvot hace que Di-s responda en los mismos términos (por
ejemplo: "Quien está sentado estudiando Tora, Di-s Se sienta
frente a él y estudia con él"5
Así, en la observancia de las mitzvot por parte de Di-s hay dos
niveles:
1) El nivel en el que ésta preceda nuestra observancia, y permite
que tenga lugar, y
2) Un nivel en el que Di-s es "motivado" a estos actos como
respuesta a nuestro realizarlos.
La mitzvá la corporización de la Voluntad Divina; cumplir
una mitzvá crea una conexión (la palabra mitzva significa
tanto "mandamiento" como "unión") entre el
hombre y Di-s, entre su implementador humano y su ideólogo Divino.
A ello se debe que Di-s deba "cumplir" primero la mitzvá antes
de que nosotros podamos hacerlo.
Crear esta conexión, obviamente, está más allá de
la capacidad del hombre finito y terrenal; es la iniciación, por
parte de Di-s, de una conexión particular que nos faculta a hacer
lo propio.
Pero, ¿por qué sigue Di-s nuestra observancia con una observancia
Suya?
Seguramente El, el paradigma de la independencia y la perfección,
no Se ve "motivado" o "afectado" por nada, a menos
que El Mismo eligiera verse afectado. ¿Por qué, entonces,
descó Di-s que nuestro cumplimiento de Sus mandamientos estimule
una respuesta similar en El?
La orquilla Vacía
La respuesta a esta pregunta se oculta en otra, más general: ¿por
qué nos ordenó Di-s las mitzvot del todo?
Ciertamente, El no precisa nada de nosotros. Como Elihú, el Bozita,
dice a Iyov: "Si pecas, ¿cómo has afectado a El? Si
tu transgresión es cuantiosa, ¿qué Le has hecho?
Si eres justo, ¿qué Le das? ¿Qué puede recibir
El de ti?"6
Pues entonces, ¿por qué Di-s, Quien es "benévolo,
misericordioso... bondadoso" y "bueno con todas Sus criaturas"7,
no creó un mundo libre de demandas y restricciones sobre sus habitantes.
Porque una vida libre de trabajo y responsabilidad -una vida cuyas bendiciones
no son ganadas sino concedidas sin causa ni restricción8- es una
vida desprovista de la única alegría genuina que hay: la
alegría del logro.
La mayor bondad de Di-s para con nosotros es el hecho de habernos "agobiado" con
el "Yugo Celestial", habernos dado un programa para la vida
que tenemos la responsabilidad de sostener, y haber hecho que nuestro
bienestar espiritual y material dependiera de éste.
Pero Di-s hizo más que darnos una lista de 'harás' y 'no
harás'.
Pues el trabajo solo no es suficiente; a menos de que el trabajo cumpla
una función, el trabajador no derivará satisfacción
alguna de éste, aun si fuera ampliamente recompensado.
[El anterior Rebe de Lubavitch, Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, ¡lustró este
punto con la siguiente parábola:
Un señor feudal paseaba por sus comarcas y se encontró con
un campesino que apilaba heno. Se sintió fascinado por los fluidos
movimientos de sus brazos, y el recorrido, lleno de gracia, de la horquilla
lanzada por el aire. Tanto disfrutó del espectáculo que
concertó un trato con el campesino: por diez rublos al día, éste
repetiría su técnica de apilar heno blandiendo su horquilla,
en la sala de dibujo del noble.
Al día siguiente cl campesino llegó a la mansión,
a duras penas ocultando su deleite por la nueva forma de "trabajo".
Luego de blandir su horquilla vacía durante una hora cobró sus
diez rublos, muchas veces más que su utilidad usual por una semana
de ardua y agotadora labor.
Pero al día siguiente su entusiasmo se había disipado un
poco. Un par de días después, anunció a su patrón
que renunciaba a su nuevo empleo.
Dijo el hidalgo:
"No comprendo. ¿Por qué preferirías trabajar
afuera, en el frío invernal y el calor estival, cuando puedes realizar
una tarea tan conveniente en la comodidad de mi hogar y ganar muchas veces
tu salario usual?"
"Patrón", dijo el campesino, "es que no se ve el
trabajo"].
De modo que para conceder significado y satisfacción a nuestras
vidas, Di-s hizo que cada una de nuestras acciones tuviera una importancia
objetiva: que Lo afectaran a El (~ado que la Suya es la única
realidad objetiva, éste es el único efecto objetivamente
importante que puede haber-).
Y para extender esta importancia a cada aspecto y detalle de nuestros
actos, El hizo que ellos Lo afectaran de una manera que refleje su función
y naturaleza terrenal particular.
El hizo que cuando nos ponemos tefilin, una mitzva cuya función
es la de resaltar el liderazgo de la mente sobre, y su involucración
con, las emociones, esto hiciera que El, también, Se pusiera tefilin
-provocara la involucración de la Divina "mente" con
los Divinos atributos emocionales".
Lo mismo es cierto de todas las 613 mitzvot de la Torá: cada una
tiene un impacto correspondiente sobre la realidad Divina.
La vida, así, no es ni un humillante almuerzo gratis ni una horquilla
vacía que apila un heno imaginario, sino "trabajo" verdadero,
un trabajo que gana las bendiciones que genera y tiene un efecto e impacto
genuino que va más allá de la ocupación y el premio
del trabajador.
El Dinero de Di-s
Así, la prohibición de usura personifica el concepto mismo
del "Yugo Celestial", de Di-s impartiendo verdaderos trabajo
y logro a nuestras vidas.
Si la observancia de las mitzvot por parte de Di-s sólo hubiera
precedido nuestra observancia, pero no fuera también el resultado
demuestra, nuestra relación con El sería como la de un
prestatario pagando
usura:
Di-s realiza la mitzva, otorgándonos la capacidad de hacer lo
mismo, pero allí concluye Su involucración. El "capital" esta'
ahora totalmente en nuestro dominio, estando nuestros esfuerzos a instancias
de El desconectados de cualquier cosa que fuera verdaderamente Suya.
Nosotros sólo estamos haciendo un "pago" como retribución
por lo que El nos ha dado, como un prestatario que paga al prestamista
por el hecho de que aquél le ha extendido un préstamo.
Pero el contrato de Di-s con nosotros no es el de un prestamista usurero,
sino el de un interior que sigue la cláusula de heter iska.
El nos extiende el capital e insiste en el pago, pero recalca que ésta
es una sociedad, una involucración pennanenle. El conserva Su
riesgo en el capital durante nuestro uso de éste, viéndose
afectado, como nosotros, por las alzas y bajas del mercado de nuestras
vidas.
Di-s deseó que emuláramos Su relación con nosotros
en nuestra relación con nuestros semejantes; que la naturaleza
de la "ganancia" que El recibe de Su creación dictara
el modo en que nosotros lucramos con lo que extendemos a otro que precisa
los recursos con los que contamos.
Quien desatiende la prohibición de usura, así, rechaza
la sociedad Divina en su propia vida, una sociedad que hace de cada uno
de nuestros empeños un logro verdadero y satisfactorio.
Basado en likutei sijot, lol. III, págs. 1007-1011
Notas:
1. Esta es también la diferencia entre extender un préstamo
cobrando interés, lo que está prohibido, y alquilar un
objeto (una casa o herramienta) a otro, lo que está permitido.
En tanto que el dinero prestado se convierte en propiedad del prestatario,
el objeto alquilado continúa siendo de su propietario inicial.
2. Ver Zohar m, pág. 152a. 3. Salmos147: 19. 4. Midrash Rabá,
Shemot 30:4. 5. ialkut Shimoní, Eija, sección 1034. Véase
también Sefer Ha Maamarím 5708, págs. 271-272. 6.
Jyov 35:6. 7. Salmos 145:8-9. 8. 'Pan de la vergüenza", en
la terminología cabalística.
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