Historia de un
gran amor...A la Torá
Había una vez, hace dos mil años, en la Tierra de Israel,
una hermosa muchacha judía llamada Rajel…
Ella poseía todo lo que cualquier joven desearía: belleza,
dinero y linaje. Su padre, el acaudalado Kalva Sabúa, era además
un prominente miembro de la comunidad que apreciaba y estimulaba el
estudio en las Altas Academias de Torá.
Su hija, educada para ser una mujer judía sensible a las necesidades
del prójimo y apreciar la sabiduría de la Torá-
de acuerdo a las expectativas de su padre- era la soltera más
codiciada de Jerusalem. Nadie dudaba que el candidato elegido sería
algún prestigioso estudioso de la Torá, un promisorio
erudito que iluminaría al mundo con sus conocimientos.
Sin embargo, Rajel cambió en cierta forma los planes de su padre.
Ella puso sus ojos sobre el último de los hombres que su progenitor
hubiera soñado para ella: Akiva, el pastor.
¿Quién era Akiva? Uno de los tantos empleados que cuidaban
los numerosos rebaños de Kalva Sabúa.
Tenía 40 años, era extremadamente pobre, carecía
de linaje y además era analfabeto.
La dulce muchacha le propuso matrimonio, con la condición de
que se dedicara al estudio de la Torá.
Cuando comunicaron sus planes de casarse a Kalva Sabúa, éste
no pudo resistir lo que creía era la ingratitud de su hija.
Se opuso terminantemente y le advirtió que si se casaba con
ese pastor ignorante, la desheredaría.
Pero Rajel ya había tomado una decisión: Se casaría
con Akiva, a pesar de todo. Y así fue.
Lo que hubiese sido la Boda del Siglo, se transformó en una
humilde y austera ceremonia. Un espacio dentro de un establo reemplazó a
la importante mansión en la que hubiesen residido. En lugar
de sábanas de seda, descansaban sobre la paja. Nada de esto
venció la fuerte convicción de Rajel. Ella había
percibido que Akiva poseía un incalculable potencial que debía
desarrollarse y revelarse.
Lo ayudó a callar sus dudas, lo apoyó en todo momento
y por sobre todas las cosas, con el inmenso cariño que una mujer
judía puede dar, logró lo esperado: el ignorante y desconocido
pastor se transformó después de 24 arduos años
de estudio de Torá en las más importantes Academias de
Estudio, en el Sabio más grande de su generación y uno
de los más famosos y reconocidos eruditos de toda la historia
judía. Como el mismísimo Rabí Akiva, que a los
120 años entregó su vida por la Torá, santificando
así el Nombre de Di-s, expresó acerca de su esposa a
sus discípulos:
"Toda la Torá que estudié y toda la Torá que
ustedes estudiaron de mí, le pertenece a ella" Y como toda
historia que tiene un final feliz completo, Kalva Savúa pidió disculpas
y la familia volvió a reunirse.
Esta no es una historia más de amor y fidelidad. Esta es la
historia de la mujer judía de todas las épocas, que lucha
incansablemente, sin mirar su propio sacrificio y entrega, por la continuidad
del pueblo de Israel y su Torá.
Esta es en realidad, una historia de amor y pasión por la Torá que
Hashem nos entregó.
Miriam Kapeluschnik.
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