El amor desinteresado
Rav Shlomó Aviner
Cuál es la diferencia entre "Sinat Jinam" (odio gratuito)
y el odio que no es gratuito?
Puede que haya alguien que odia a su compañero porque le hizo
un daño, lo molestó o lo ofendió. Incluso entonces
no es el camino correcto, sino que hay que resolver el problema a través
del diálogo, la explicación. No hay que conservar resentimiento
en el corazón por siempre. De todos modos, no es un odio gratuito,
tiene una razón.
El "odio gratuito" significa odiar a alguien sin motivo alguno,
sólo por el hecho que el prójimo es diferente. Las personas
le temen a lo diferente, a todo aquel que no piensa o actúa como
ellos. Ven a esa persona como quien destruye el país, el mundo,
toda la humanidad. Lo odian debido a la distancia ideológica que
existe ente ellos. Ese odio es gratuito. No conocen para nada a la persona
odiada, nunca le han hablado, no saben cuáles son sus cualidades
y virtudes. Sin embargo, lo odian por poseer una visión diferente
y otra tendencia.
Eso fue lo que condujo a la destrucción de nuestro Beit HaMikdash
(El Templo) y nuestro reinado. Los judíos difieren entre sí:
Sus caras y sus opiniones, sus voluntades y sus sentimientos son diferentes
- eso es algo natural. No existen dos personas en el planeta que estén
de acuerdo en todo - lo que puede originar el odio que lleva finalmente
a la violencia. Tampoco es obvio estar de acuerdo consigo mismo, vivir
con una unicidad interna.
La violencia no es sólo física, puede ser también
verbal. Mismo el pensamiento violento está prohibido. El odio
está prohibido!
Podemos preguntar: Estamos obligados a aceptar, callar, no reaccionar
cuando la otra parte destruye todo lo bueno? Por supuesto que no! Está permitido
discutir, luchar una guerra ideológica pero sin odio. Existen
límites.
Antes de la Guerra de Independencia, hubo grandes discrepancias en el
seno de nuestro pueblo. Las instituciones del Ishuv (el asentamiento
judío en Israel) y de la Haganá (la organización
de auto-defensa) consideraban que la cooperación con los ingleses
era una condición para establecer el estado. En cambio, el Etzel
y el Leji (las organizaciones clandestinas) consideraban que los ingleses
eran traidores y malvados y había que luchar contra ellos para
establecer el estado. Hubo entonces un debate feroz. Pero eso produjo
el odio, insultos y acciones muy lamentables. Entonces, el Rav Tzvi Iehudá Kuk
publicó por primera vez un artículo titulado: "Busco
a mis hermanos". El mensaje del artículo era que no debemos
olvidar que somos hermanos. Se puede discutir, criticar, expresar su
propia opinión, pero no cruzar los límites. Discutir, argüir
pero sin odio, sin ofensa y sin violencia.
La lucha de opiniones opuestas es posible pero no una guerra acompañada
por el odio. Está prohibido odiar, exagerar. Tampoco la dura crítica
justifica transformar al prójimo en un estereotipo, en un monstruo,
en una caricatura, atribuyéndole rasgos que no posee para poder
atacarlo fácilmente. No hay que verlo con una imagen preparada
de antemano diciendo: Los religiosos son de este modo, los seculares
de este otro, los ashkenazim son así y los sfaradim asa. Debemos
ser verdaderos!
No queremos decir que hay que esconder la verdad, sino que hay que ser
individuos auténticos, observar la verdad en su totalidad. "Debemos
juzgar a toda persona favorablemente" (Avot). El Rav de Gur, autor
del libro "Divrei Emet", dijo: "Si juzgamos a la persona
en su totalidad, nuestro juicio será favorable". No debemos
centrarnos únicamente en un aspecto de su personalidad, como si
reflejase toda la personalidad. "Ciertamente, no hay en la tierra
hombre justo que haga bien y no peque" (Kohelet 7:20). No debemos
observar la pequeña mancha con una lupa, sino que debemos considerar
también los aspectos positivos.
No es posible que en la corriente de pensamiento opuesta a la nuestra
no haya aspectos positivos. Si todo fuese malo, hace tiempo se habría
derrumbado. Persiste gracias a los puntos de verdad y justicia que posee.
También la impureza existe gracias a las centellas de santidad
que se esconden en ella.
Lo que debemos principalmente recordar es que lo común es más
que lo que separa: somos el pueblo de Israel, somos hermanos, hermanos
de carne. Somos hermanos en los problemas frente a nuestros enemigos
y hermanos en las alegrías.
Si no se toma en cuenta el común denominador, se adopta un punto
de vista superficial, sin penetrar desde dentro. Esa es una visión
deformada, basada en una generalización negativa, eso es perder
la fe en el pueblo judío y en nuestra generación.
Acaso no vemos que nuestra generación es una generación
de grandeza?. Una generación excelente!. Una generación
que ha hecho maravillas, las hace y las hará!. Cuando se deja
de ver las cosas a la luz de esa claridad, se llega al odio gratuito.
Todo aquel que es un poco diferente a nosotros se transforma en enemigo.
El Netzi"v (Rav Naftali Tzvi Iehudá Berlín) escribió en
la introducción de "Haamek Davar" que en la época
del segundo Beit HaMikdash cuando veían a un judío un poco
diferente en su temor a D's, en el color de su kipá, en la extensión
de su barba o de sus peot, o en su vestido, decidían de inmediato: "Es
un hereje, un Apikores!". Hoy en día, el estilo de la persona
no justifica el empleo de estereotipos. Esa es una visión superficial!
Recordemos que todos somos judíos, pertenecientes al mismo pueblo
sagrado y grande que carga con la historia mundial sobre sus hombros.
Se puede luchar contra opiniones opuestas, pero esta lucha debe constituir
lo que llamó el Rav Kuk "una guerra entre hermanos" -
expresión que empleó en el sentido positivo, la lucha entre
dos personas que son conscientes del hecho que son hermanos y se quieren.
El observar lo común es profundizar, constituye el verdadero enfoque
y conduce al amor desinteresado.
JUDAISMO CON AMOR Y FE |