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Mayo 12 , 2008
El amor desinteresado 
El amor desinteresado 
Rav Shlomó Aviner

Cuál es la diferencia entre "Sinat Jinam" (odio gratuito) y el odio que no es gratuito?
Puede que haya alguien que odia a su compañero porque le hizo un daño, lo molestó o lo ofendió. Incluso entonces no es el camino correcto, sino que hay que resolver el problema a través del diálogo, la explicación. No hay que conservar resentimiento en el corazón por siempre. De todos modos, no es un odio gratuito, tiene una razón.
El "odio gratuito" significa odiar a alguien sin motivo alguno, sólo por el hecho que el prójimo es diferente. Las personas le temen a lo diferente, a todo aquel que no piensa o actúa como ellos. Ven a esa persona como quien destruye el país, el mundo, toda la humanidad. Lo odian debido a la distancia ideológica que existe ente ellos. Ese odio es gratuito. No conocen para nada a la persona odiada, nunca le han hablado, no saben cuáles son sus cualidades y virtudes. Sin embargo, lo odian por poseer una visión diferente y otra tendencia.
Eso fue lo que condujo a la destrucción de nuestro Beit HaMikdash (El Templo) y nuestro reinado. Los judíos difieren entre sí: Sus caras y sus opiniones, sus voluntades y sus sentimientos son diferentes - eso es algo natural. No existen dos personas en el planeta que estén de acuerdo en todo - lo que puede originar el odio que lleva finalmente a la violencia. Tampoco es obvio estar de acuerdo consigo mismo, vivir con una unicidad interna.
La violencia no es sólo física, puede ser también verbal. Mismo el pensamiento violento está prohibido. El odio está prohibido!
Podemos preguntar: Estamos obligados a aceptar, callar, no reaccionar cuando la otra parte destruye todo lo bueno? Por supuesto que no! Está permitido discutir, luchar una guerra ideológica pero sin odio. Existen límites.
Antes de la Guerra de Independencia, hubo grandes discrepancias en el seno de nuestro pueblo. Las instituciones del Ishuv (el asentamiento judío en Israel) y de la Haganá (la organización de auto-defensa) consideraban que la cooperación con los ingleses era una condición para establecer el estado. En cambio, el Etzel y el Leji (las organizaciones clandestinas) consideraban que los ingleses eran traidores y malvados y había que luchar contra ellos para establecer el estado. Hubo entonces un debate feroz. Pero eso produjo el odio, insultos y acciones muy lamentables. Entonces, el Rav Tzvi Iehudá Kuk publicó por primera vez un artículo titulado: "Busco a mis hermanos". El mensaje del artículo era que no debemos olvidar que somos hermanos. Se puede discutir, criticar, expresar su propia opinión, pero no cruzar los límites. Discutir, argüir pero sin odio, sin ofensa y sin violencia.
La lucha de opiniones opuestas es posible pero no una guerra acompañada por el odio. Está prohibido odiar, exagerar. Tampoco la dura crítica justifica transformar al prójimo en un estereotipo, en un monstruo, en una caricatura, atribuyéndole rasgos que no posee para poder atacarlo fácilmente. No hay que verlo con una imagen preparada de antemano diciendo: Los religiosos son de este modo, los seculares de este otro, los ashkenazim son así y los sfaradim asa. Debemos ser verdaderos!
No queremos decir que hay que esconder la verdad, sino que hay que ser individuos auténticos, observar la verdad en su totalidad. "Debemos juzgar a toda persona favorablemente" (Avot). El Rav de Gur, autor del libro "Divrei Emet", dijo: "Si juzgamos a la persona en su totalidad, nuestro juicio será favorable". No debemos centrarnos únicamente en un aspecto de su personalidad, como si reflejase toda la personalidad. "Ciertamente, no hay en la tierra hombre justo que haga bien y no peque" (Kohelet 7:20). No debemos observar la pequeña mancha con una lupa, sino que debemos considerar también los aspectos positivos.
No es posible que en la corriente de pensamiento opuesta a la nuestra no haya aspectos positivos. Si todo fuese malo, hace tiempo se habría derrumbado. Persiste gracias a los puntos de verdad y justicia que posee. También la impureza existe gracias a las centellas de santidad que se esconden en ella.
Lo que debemos principalmente recordar es que lo común es más que lo que separa: somos el pueblo de Israel, somos hermanos, hermanos de carne. Somos hermanos en los problemas frente a nuestros enemigos y hermanos en las alegrías.
Si no se toma en cuenta el común denominador, se adopta un punto de vista superficial, sin penetrar desde dentro. Esa es una visión deformada, basada en una generalización negativa, eso es perder la fe en el pueblo judío y en nuestra generación.
Acaso no vemos que nuestra generación es una generación de grandeza?. Una generación excelente!. Una generación que ha hecho maravillas, las hace y las hará!. Cuando se deja de ver las cosas a la luz de esa claridad, se llega al odio gratuito. Todo aquel que es un poco diferente a nosotros se transforma en enemigo.
El Netzi"v (Rav Naftali Tzvi Iehudá Berlín) escribió en la introducción de "Haamek Davar" que en la época del segundo Beit HaMikdash cuando veían a un judío un poco diferente en su temor a D's, en el color de su kipá, en la extensión de su barba o de sus peot, o en su vestido, decidían de inmediato: "Es un hereje, un Apikores!". Hoy en día, el estilo de la persona no justifica el empleo de estereotipos. Esa es una visión superficial!
Recordemos que todos somos judíos, pertenecientes al mismo pueblo sagrado y grande que carga con la historia mundial sobre sus hombros.
Se puede luchar contra opiniones opuestas, pero esta lucha debe constituir lo que llamó el Rav Kuk "una guerra entre hermanos" - expresión que empleó en el sentido positivo, la lucha entre dos personas que son conscientes del hecho que son hermanos y se quieren. El observar lo común es profundizar, constituye el verdadero enfoque y conduce al amor desinteresado.

JUDAISMO CON AMOR Y FE